Human Nature and Divine Nature (Spanish essay)

This essay was written as an assignment in response to writings by Sor Juana Inés de la Cruz for a Hispanic American Literature class at la Universidad Internacional in Cuernavaca, México.


Soy una mujer. Soy un ser humano. Debido a tal, soy imperfecta. A veces, el ser imperfecta me molesta. Quiero hacer las cosas como siento que se deben hacer. Los hombres son seres humanos e imperfectos también. Tienen sus fallas y debilidades igual como tienen fuerzas y habilidades. Somos diferentes, las mujeres y los hombres, pero a la vez, somos muy parecidos.

Hay momentos cuando todos sentimos que somos peregrinos, que somos extranjeros de otra parte. Siempre estamos buscando el amor verdadero, para sentir que somos partes de algo más. Queremos sentirnos incluidos y entendidos. Por esto, el mundo nos influye mucho. Tomamos ejemplos de los en nuestro alrededor. Desde la niñez, vemos lo que pasa alrededor de nosotros, y tratamos de hacer lo mismo. Los niños aprenden del ejemplo de los padres. Los chicos ven como su papá trata a su mamá (entonces, como ellos deben tratar a las mujeres), y las chicas ven como su mamá vive (y como los hombres las deben tratar a ellas mismas).

En su poema “Censura a los hombres que acusan en las mujeres lo que ellos mismos causan”, Sor Juana Inés de la Cruz habla de los hombres que nunca se complacen con las mujeres, que siempre culpan a ellas por las mismas fallas que ellos las han puesto. Sí, hay hombres así. Pero este no es decir que todos son así, ni que todo es la culpa del hombre.

Parte de esto de ser imperfecto es que todos estamos predispuestos al “hombre natural”. Es decir, hay algo en nosotros que quiere seguir nuestras flaquezas y hacer lo que es más fácil – lo que nos es más conveniente. Queremos seguir más al placer que al verdadero gozo. Vivimos más por el momento que por pensar en las consecuencias de nuestras acciones. Pero el placer, el momento de diversión – estas cosas no duran. Lo que dura es la verdad. Entonces, se puede decir que todos estamos a una búsqueda para hallar la verdad.

Aquí tenemos donde se confunde la gente. Que es la verdad? Como podemos explicar una idea tan inmensa? Debe ser sencillo: la verdad es lo que no cambia; la verdad es eterna. Hay ciertas cosas que, como seres imperfectos, cambian según nuestra punta de vista. Como vemos, somos y entendemos. Pero la verdad se halla sin límites. Hay ciertas leyes que, aun cuando no las entendemos o las tratamos de cambiar, existen lo mismo como siempre. Por ejemplo, el hecho de que el mundo es una esfera. Había un tiempo cuando la gente no sabía que lo era. Cuando hombres descubrieron que era así, muchas personas no los creyeron. De hecho, se les burlaron de ellos. Había muchas personas que, no obstante las evidencias que existían, aun no creían. Hicieron leyes para decir que el mundo está plano. Pero nada de esto cambiaba el hecho de que el mundo es un esfero, colgado en los cielos.

No importa las ideas de los hombres. No importa cuanto queremos cambiar las cosas. Hay ciertas leyes que existían antes de que existiera el mundo, y sobre estos, todo lo que pasa aquí, todo lo que es verdad, se basa. No importa que dice el mundo – si queremos encontrar ese amor verdadero, ese sentido de ser parte de lo más grande que hay – tenemos que estar viviendo de acuerdo con la verdad.

En un soneto, Sor Juana Inés de la Cruz habla de un Mundo ofendido. Habla de cómo ella quiere hacer las cosas buenas, pero el mundo siempre está tentándola para que haga lo que menos vale. Todos pasamos por eso. Las cosas mundanas son muy irresistibles. Nos dan placer. Nos hacen feliz, aunque es por sólo un momento. Como escribió Sor Juana, tales cosas como la belleza, las riquezas, los tesoros de lujo, y la vanidad son del “despojo de las edades”. Son las cosas que no duran, que no realmente se hacen a las personas felices. Ella dice que es mejor tener verdad, tener entendimiento, pensamiento, y vida. Sor Juana reconoce que las cosas mundanas, esas tentaciones tan encantadoras, son nada más que un engaño. Hacen que la gente no llega a lograr lo que verdaderamente están buscando. Son impostores de esa voz adentro que nos dice que somos parte de algo más.

Hay muchos nombres que se dan a esa voz. Mayormente se conoce como una conciencia – lo que nos influye hacer lo bueno, o hacer lo correcto, aun cuando no estamos seguros de que es. Esa misma voz interior nos impulsa a vivir nuestros sueños, a lograr más, a querer a otros. La verdad es que, además de una naturaleza humana, o sea, ese “hombre natural”, tenemos también una naturaleza divina. Todo lo bueno proviene de esto. Todos los problemas del mundo – el codicio, el desprecio de lo que es más precioso, el engaño, la vanidad – tenemos debido a la naturaleza humana y las debilidades que en ella hay. Las soluciones que buscamos, lo que se necesita para que todos gocemos de lo bueno que hay, se pueden encontrar detrás de escoger seguir nuestra naturaleza divina.

Sí somos parte de lo más grande que hay. Somos parte de un plan. Hay un orden en el universo. No está todo por chance. La ciencia lo puede ver, aun si no lo puede explicar. Pero eso no significa que no existe. No podemos ver a nuestros corazones. Pero los sentimos palpitando adentro. No podemos ver a nuestros sesos. Ni podemos explicar como funcionan. Pero sabemos que los tenemos. Los utilizamos. Son una parte inherente de quienes somos. Sor Juana reconoció que hay muchos problemas con la naturaleza humana. Supo que hay cosas más importantes de lo que el mundo nos manda a valorar. Y a través de sus obras, podemos entender mejor estas mismas ideas.

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